La gente murmuraba sobre ella con una suerte de profundo misterio y un dejo de secreto. Cuando alguien narraba que la había divisado en el borde del faro, o vislumbrado su lechosa piel de alabastro bajo las aguas, se refería al hecho en cuestión casi en un susurro, como si la mujer y el océano fuesen uno solo y ella pudiese espiar los secretos metamorfoseada en espuma.
Ella era mujer de agua, mujer de mar. Las leyendas contaban que podía transformar sus piernas en cola de pez y que gracias a la magia prístina de la Sacerdotisa o bruja, nadie lo sabía con certeza, podía respirar sin dificultad bajo el agua como una criatura más de los mares de Lev.
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